¿A qué viajó Macri? Para inversiones, una foto con Trump cotiza

¿A qué viajó Macri? Para inversiones, una foto con Trump cotiza

Macri será el primer presidente de la región en la era Trump en alojarse junto con su mujer en la residencia oficial, la Casa Blair. Todo un gesto en medio de un viaje a la caza de inversiones. Inversiones que no se plasman por decisión directa del mandatario estadounidense, pero una foto cotiza. El dilema es que con Trump nada es seguro, nada es normal.

Macri mantendrá una reunión bilateral con Trump.

El presidente Mauricio Macri mantiene y mantendrá durante el día de hoy diversas reuniones con empresarios en Houston, la ciudad más poblada de USA. Lo hará en vísperas de su primer encuentro bilateral con el mandatario estadounidense Donald Trump, que tendrá lugar mañana en la Casa Blanca.
 Según la agenda programada, a las 9.30 (hora argentina) visitó una planta de Tenaris, del grupo Techint, para producir tubos sin costura en el estado de Texas, con destino a la industria de hidrocarburos, con asiento en Bay City, condado de Matagorda, y que cuenta con una capacidad anual de 600.000 toneladas de tubos de alta calidad.
 Poco más tarde arribó a la ciudad de Houston, donde lo recibió el cónsul argentino en esa ciudad estadounidense, Gabriel Volpi, y acompañado por los ministros de Producción, Francisco Cabrera, y de Energía y Minería, Juan José Aranguren, y por el senador nacional y secretario general del sindicato del Petróleo y Gas de Neuquén, Río negro y La Pampa, Guillermo Pereyra, entre otras autoridades.
 Cerca de las 11, visitó las instalaciones de Dow Chemical Company, empresa química con operaciones en más de 180 países. Tras media hora allí, Macri asistiría a una exposición del titular de Feedstocks and Energy, Jack Broodo, sobre energía liderada y a continuación se trasladará a Dow Oyster Creek y luego visitará Hydrocarbons Command Center Control Room.
 Poco después visitará Halliburton Company, una empresa de servicios petroleros dedicada a los servicios energéticos, la ingeniería y la construcción con alrededor de 103.000 empleados y operaciones en 120 países, entre ellos la Argentina, y será recibido por el jefe de Operaciones, Jeff Miller.
 Seguidamente, Macri mantendrá un encuentro con la titular de XTO-Exxon Móvil, Sara Ortwein y, como última actividad en Houston, Macri será el orador principal de un almuerzo organizado por el Instituto Argentino de Petróleo y Gas (IAPG) en The Houstonian Hotel, del que participará el gobernador del estado de Texas, Greg Abbott; y el alcalde de la ciudad de Houston, Sylvester Turner, ministros argentinos y 200 empresarios.
 A primera hora de la tarde, el Presidente y su comitiva volarán hasta la ciudad de Washington, donde mañana Macri mantendrá su primera reunión bilateral con Donald Trump, en la Casa Blanca.
 El encuentro que mantendrá allí es el más trascendente del año para el jefe de Estado. Según afirman, lo que busca es apuntalar su rol como “vocero” de la región.
 Pero Macri llega a la reunión con dos desventajas a cuestas: por un lado, su Gobierno se anticipó en su momento al desenlace de los comicios y avanzó incluso con un discurso abiertamente crítico hacia la figura de Trump; por otro, el que llega a la reunión de mañana con más expectativas y necesidades es el propio Macri.
 Estarán en agenda temas comerciales, como el freno al ingreso de limones y carnes con sello argentino. Además, se tratarán las amenazas que pesan sobre el biodiesel nacional, tras las denuncia por dumping, que comprometen exportaciones por US$1.000 millones.
 Y, un tema no menor, Macri también tendrá en el tope de su agenda la captación de desembolsos, especialmente en el sector petrolero.
“Voy a USA a estimular inversiones. Apostamos a que vengan US$20.000 millones por año en Vaca Muerta”, afirmó el Presidente días atrás, dejando en claro las altas expectativas que puso en este viaje.
El Gobierno pretende que USA vuelva a tener un rol central en el terreno de los negocios, luego de las promesas que terminaron evaporándose con la derrota demócrata.
Por ejemplo, era casi un hecho que la Agencia de Comercio y Desarrollo reabriera sus puertas en Buenos Aires o que se concretara una ambiciosa red de oficinas de apoyo a las exportaciones en todas las provincias, con financiamiento estadounidense.
Sin embargo, estas iniciativas terminaron naufragando con el triunfo de Trump.
Según dijo Marcelo Elizondo, ex director de Fundación ExportAr, al sitio ‘iProfesional’, “es en el área de las inversiones donde mayores resultados pueden esperarse, básicamente porque USA es el principal actor en la Argentina”.
Claro que la concreción de inversiones no dependerá directamente de Trump. Pero en el mundo de la política y los negocios, una foto con un apretón de manos y una sonrisa por parte del líder de la Casa Blanca cotiza mucho.
Se sabe que el republicano puede actuar de manera imprevisible y hasta ignorando cuestiones protocolares básicas, como cuando esquivó el saludo de la canciller alemana, Angela Merkel, un ‘blooper’ intencionado que terminó por llevarse tanto o más espacio en los medios que el contenido real del encuentro.
La contracara de ese gesto de indiferencia, fue el que tuvo con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, a quien le estrechó la mano durante casi 20 segundos, generando una situación incómoda.
Con este particular saludo, Trump quiso dejar en claro que tenía en Japón a un aliado fundamental en el marco del conflicto con Corea del Norte.
Ahora será el turno de Presidente argentino, que no es un desconocido para el líder de la Casa Blanca. La familia Macri mantuvo con Trump una intensa negociación en los años `80 por unos terrenos ubicados en la ciudad de Nueva York. El que ganó la pulseada fue el ahora jefe de la Casa Blanca, quien se quedó con la propiedad por una cifra que estuvo muy por debajo del precio de mercado.
Ese episodio, con sabor a victoria, bastó para que Franco y un joven Mauricio Macri se ganaran un espacio en su libro “El arte de la negociación”, publicado en 1987.
Tiempo después, en 2005, el ahora Presidente reconoció que por ese entonces eran “amigotes” y que lo visitaba y hasta almorzaban juntos cada vez que viajaba a USA.
Más cerca en el tiempo, consumado el triunfo republicano, Macri se refirió a Trump con una chicana, al tildarlo como “un negociador duro” pero que, al fin y al cabo, no era tan bueno como él creía.
Para el Gobierno, el encuentro de ahora en Washington es trascendente porque implica una escalón importante en la política de alineamiento de la Argentina con las principales potencias mundiales, en momentos en que Macri apunta a consolidarse como el vocero de la región, en momentos en que Brasil continúa sumido en una severa crisis política, económica e institucional.
La Casa Blanca también tiene intereses en este encuentro, y uno de ellos es estrictamente geopolítico: sumar aliados en la región para continuar cercando a Venezuela.
En efecto, Trump llegó al poder agitando con fuerza los fantasmas de los potenciales enemigos de USA e incluyó en su “lista negra” a China y a México, puso nuevamente en agenda el conflicto con Corea del Norte, y a Venezuela ocupando un lugar en el podio: Washington ve en el régimen de Maduro un gran foco de inestabilidad política en la región y como una base del narcotráfico.
De hecho, recientemente el gobierno de Trump acusó formalmente al vicepresidente venezolano, Tarek El Aissami, de formar parte de una red dedicada a contrabandear drogas hacia USA y de proteger a diversos cárteles.
Justo en la previa de la reunión entre ambos presidentes, el senador por la Florida, Bill Nelson, hizo un llamado para que la Casa Blanca cierre filas con la Argentina y otros socios de la región. Nelson llamó al gobierno de USA a trabajar con los países aliados en Sudamérica para ponerle presión al régimen de Nicolás Maduro.
“Con Ecuador no podemos contar, con Cuba tampoco y es así con varios países de la región que se han dejado seducir por el petróleo barato. Pero Argentina, Brasil, Chile y Perú, nuestros amigos, pueden ayudarnos”, afirmó.
Tras el saludo para las cámaras y los anuncios, deberá esperarse otra señal clave que marcará el verdadero nivel de fluidez de la relación bilateral: el nombre del futuro embajador de USA que desembarcará en Buenos Aires.
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