EVANGELIO DEL DÍA – Domingo 07 Mayo 2017 – Cuarto Domingo de Pascua

“¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna.” Jn 6, 68

Santo(s) del día : Santa Flavia Domitila, Santa Rosa Venerini, San Agostino Rocelli

Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,14.36-41.

El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: “Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías”.
Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: “Hermanos, ¿qué debemos hacer?”.
Pedro les respondió: “Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo.
Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar”.
Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.
Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,

Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

Epístola I de San Pedro 2,20-25.

En efecto, ¿qué gloria habría en soportar el castigo por una falta que se ha cometido? Pero si a pesar de hacer el bien, ustedes soportan el sufrimiento, esto sí es una gracia delante de Dios.
A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas.
El no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca.
Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente.
El llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados.
Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes.

Evangelio según San Juan 10,1-10.

Jesús dijo a los fariseos: “Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante.
El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir.
Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.
Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz”.
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.
Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento.
El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.”

“A cada uno llama por su nombre.”

     Cuando Jesús se presenta como el Buen Pastor se sitúa en una larga tradición bíblica familiar a sus discípulos y a los otros oyentes. El Dios de Israel, en efecto, se había manifestado siempre como el Buen Pastor de su pueblo. Había escuchado sus súplicas, los había liberado de la tierra de esclavitud, los había conducido por su bondad en la dura marcha por el desierto hacia la tierra prometida… Siglo tras siglo, el Señor seguía conduciendo al pueblo, más a aún, lo llevaba en brazos como el pastor lleva a los corderos. Lo había conducido después del castigo del exilio, llamándolo de nuevo y reuniendo a las ovejas perdidas para llevarlas a la tierra de sus antepasados.

Por este motivo los que nos han precedido en la fe se dirigían a Dios filialmente como a su pastor: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo por el honor de su nombre.” (Sal 22 ) Sabían que el Señor es un pastor bueno, paciente, a veces severo, pero siempre misericordioso con su pueblo y con todos los humanos…

Cuando, en la plenitud del tiempo, vino Jesús encontró a su pueblo “como un rebaño sin pastor” (Mt 6,34) y le dio lástima. En él se cumplieron las profecías y se concluyó la espera. Con las mismas palabras de la tradición bíblica, Jesús se presenta como el Buen Pastor que conoce a sus ovejas, las llama a cada una por su nombre y da la vida por ellas. Y así “habrá un solo rebaño y un solo pastor.” (cf Jn 10, 11 ss; 16)

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