Evangelio del día – Evangelio según San Juan 17,1-11a.

Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
“Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti,
ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,
porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti.”


«Han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído»

¿Quién podrá seguir al Altísimo hasta conocer su ser inexpresable e incomprensible? ¿Quién escrutará las profundidades de Dios?… Pues, ¿quién es Dios? Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios es uno. No te preguntes más sobre Dios. Que los que quieren saber el fondo de las cosas que conciernen a Dios, empiecen por considerar el orden natural. Comprender la Trinidad se compara precisamente a la profundidad del mar, y la misma Sabiduría de Dios ha dicho: «El fondo de las profundidades ¿quién puede alcanzarlo?» (Eccl 7,24)…Así como el fondo del mar es invisible a la mirada humana, así también la divina Trinidad no puede ser captada por la comprensión humana. Por eso si alguien quiere comprender lo que debe creer, que no se haga ilusiones de poder llegar a ello a través de razonamientos, sino solo por la fe, porque la sabiduría divina que busca se alejará todavía más.
Busca, pues, este conocimiento supremo no discutiendo sino llevando una vida de perfección, no a través de la lengua sino de la fe que brota de un corazón simple, y no es el resultado de sabias conjeturas. Porque si buscas al inefable a través de razonamientos, se alejará más de ti; si le buscas por la fe, la Sabiduría permanecerá allí donde habita: a tu puerta (Pr 1,21); y allí donde ella permanece, puede ser vista, aunque solo en parte. Con toda verdad, es asequible desde el momento en que uno cree que es invisible y aceptando no comprenderla. Puesto que Dios es invisible, debemos creer en él; y, sin embargo, Dios puede ser visto, en cierta manera, por el que es puro de corazón (Mt 5,8).

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